2014/09/01

DEIA: Mikel Oribe Escuela Vasca de Educación Sexual “En Euskadi estamos tan hipersensibilizados que no sabemos ligar ”


Oribe posa junto con los productos que ofrecen en su gabinete sexológico.

Mikel Oribe analiza la situación social de Euskadi desde otro punto de vista: el sexológico. Asegura que quedan muchos aspectos por mejorar y que la hipersensibilización existente a las agresiones sexuales supone un arma de doble filo.

Bilbao - El sexo y la sexualidad, a día de hoy, continúan siendo un tema morboso debido al desconocimiento general de unas nociones básicas de sexología. Mikel Oribe es miembro de la Asociación de Libertad y Diversidad sexual Bizigay y fundador de Euskal Herriko Sexu Heziketa Eskola, un gabinete sexológico especializado en educación sexual, aunque también ofrezca otros servicios como sexoterapia. A sus 36 años, este sexólogo cuenta con un análisis diferente de la sociedad y sus comportamientos y, entre otros, de lo que algunos denominan en broma “el otro problema vasco”.
Uno de los topicazos más comunes sobre los vascos es que en Euskadi no se pilla. ¿Es así?
-Sí se pilla, pero de forma diferente y casi siempre ayudado de grandes dosis de alcohol. Creo que no tenemos la cultura del ligue que existe en otras sociedades. Ya sea por su costumbre o porque viven en otras latitudes y el sol lo favorece, en ellas se puede ligar de forma más abierta y directa. Aquí no. En Euskadi hay comportamientos que no se toleran que en otras sociedades sí. Por ello, curiosamente, nuestro juego de la seducción consiste en ligar sin que se note que estás ligando. Un juego bastante absurdo, y de ahí viene el tópico.
¿Por qué ocurre esto?
-Euskal Herria se caracteriza por la pluralidad de movimientos sociales y su activismo en la lucha social. Los múltiples movimientos feministas existentes tienen mucha influencia y gracias a este caldo de cultivo hemos avanzado en la lucha contra el machismo, y más que nos queda aún. Pero en el feminismo coexisten grandes diferencias tanto en el posicionamiento de partida como en las medidas correctoras planteadas. Y desde la Sexología Sustantiva consideramos que han acabado imponiéndose algunos criterios que no facilitan el acercamiento entre los sexos. Ha calado en la sociedad el miedo a los malentendidos y, consecuentemente, cambiando el juego de la seducción.
¿En qué consistiría el juego de la seducción?
-Desde el punto de vista sexológico, la seducción consiste en “transgredir” de forma positiva el espacio vital de una persona, generalmente, con un fin erótico. En el ligoteo heterosexual habitual, por ejemplo, podemos imaginar que alrededor de ella hay una especie de valla y, para ligar, él tendrá que superarla. El truco de la seducción consiste en sortear esa valla con arte. No puedes tirarla abajo de malos modos, ni quedarte fuera pensando qué alta es. Las mujeres que participan en este juego esperan a un hombre con las suficientes habilidades sociales e inteligencia emocional como para que se acerquen a ellas de forma respetuosa y atractiva.
Y aquí se ha cambiado el juego de la seducción.
-Sí. El problema que se da aquí es que debido a algunas interpretaciones, guiadas más por contextos luctuosos y de pánico, se ha considerado necesario el consentimiento explícito previo y, ahí, se rompe el juego de la seducción. Me recuerda al puritanismo estadounidense. Pero el problema grave lo generan muchos hombres que aún hoy siguen viendo a las mujeres como inferiores, como sus particulares juguetes sexuales y, consecuentemente, su forma de ligar es nefasta: rompen esa “valla” a patadas, van tocando el culo de malas formas, profiriendo frases inadecuadas, forzando las situaciones, etc. Como respuesta nos hemos hipersensibilizado. Hay hombres muy concienciados y conscientes con la seducción respetuosa y empática, pero debido a este nuevo clima prejuzgador pueden temer mucho crear incomodidades y malentendidos. Ahora parece que cualquier forma de acercamiento explícito y directo por parte de un hombre es una agresión per sé y, por ende, él un agresor en potencia.
¿Qué consecuencias trae consigo este cambio?
-Pues que ya no sabemos cómo ligar. No nos sentimos seguros dejándonos llevar por nuestros deseos. Un chico heterosexual, por ejemplo, puede dudar en mirar los pechos o no de una chica con la que quiera ligar y sentirse culpable por ello mientras, paradójicamente, ella en las circunstancias adecuadas podría desearlo.
Ha hablado del ligoteo heterosexual. ¿Y el homosexual?
-El ligoteo gay, por ejemplo, en un contexto homosexual, suele ser directo, sin miedo. Si te gusta alguien se lo haces saber, incluso desde el minuto cero, y gestionas su respuesta de forma natural y libre. Yo creo que la clave está en que se puede expresar públicamente lo que te gusta, te puedes mostrar dueño de tu cuerpo y de tu placer sin que te juzguen por ello.
¿Hay algún aspecto en el que haya habido una involución?
-Sí, en esto que acabo de comentar. Aquí se señala a la mujer que es dueña de su cuerpo y de su placer y se la asocia con el estigma de puta. Una doble moral sustentada en los valores patriarcales y sexistas, que impide, sobre todo a las más jóvenes, sentirse realmente libres de decirle a un chico que les atraiga que sí con comodidad y seguridad. Este estigma, además, las obliga a no explicitar su deseo erótico y, por lo que observamos en los institutos en los últimos años, vamos a peor. Alumnas de secundaria nos cuentan que en un contexto de fiesta, ante una seducción masculina deseada, tienden a negarse las suficientes veces como para que a él y al entorno le quede claro que no son fáciles. Creen que deben mostrar dignidad. Pero esto no tiene absolutamente nada que ver con su dignidad y, además, es una trampa peligrosa.
¿Por qué?
-Porque esta coyuntura impide un correcto aprendizaje del ligoteo y de su disfrute, donde ambos juegan a la seducción sabiendo a qué juegan y aprenden a gestionar la gran diversidad y matices de los noes, los síes, los cuándos, los cómos, los quiénes, los qués, etc. Habilidades interpersonales que, en general, hemos perdido. Y este vacío hace creer a algunos cabestros que todos los noes son síes si se insiste lo suficiente.
¿En qué situación nos deja?
-En la actualidad estamos bastante más sensibilizados respecto a las agresiones machistas que hace algunas generaciones, algo evidentemente positivo. Pero si la solución aportada es una monumental combatividad contra el deseo heterosexual masculino tenemos otro gran problema. La norma imperante en ambientes heterosexuales del consentimiento explícito previo por parte de las mujeres, y la presunción de agresor potencial en los hombres, creo sinceramente que es caer de nuevo en el paternalismo. Prescribir café para todos, estas conductas sí, estas otras no, invertir en prevención en vez de en educación, seguir un guión preestablecido, artificial… Todo esto infantiliza, nos priva de nuestra peculiar gestión erótica. Simplemente no sirve ni se ajusta a los deseos eróticos de nadie. Nos hace falta más pedagogía sexual.
¿Las nuevas tecnologías están afectando de alguna manera en este ámbito?
-Las nuevas tecnologías están trasladando las formas de ligoteo a internet: WhatsApp, redes sociales, páginas para contactos, etc. Los más jóvenes se escudan aquí porque tienen un miedo atroz al rechazo en persona, pero al carecer de la experiencia “real” se hacen más vulnerables ante situaciones de riesgo.
Además de los ligoteos, ¿hay algún otro problema en este ámbito a nivel social en Euskadi?
-Principalmente, que la sexualidad se sigue reduciendo a la genitalidad, al coito y a la heterosexualidad, cuando es mucho más. Pero esto no es una cuestión intrínsecamente vasca: es universal. La sexualidad es la cualidad del sexo y el sexo no es el sexo que se hace, sino el que se es. Es cuerpo, placer, emociones y sentimientos, bienestar, es una parte fundamental e insoslayable de nuestra vida. Somos mujeres y hombres y eso implica una serie de circunstancias, y cómo vives tú desde que naces hasta que mueres esa realidad, cómo la comunicas y te relacionas con los demás en función de ser mujer u hombre, eso también es sexualidad. Todos la tenemos, desde que nacemos hasta que morimos. Que a 2014 muchas familias hablen de ello a partir de los 15 años es vergonzoso.
¿Cuál sería la vía para abordar estos problemas?
-La educación, sin ninguna duda. Nosotros damos de ocho a diez horas de formación al alumnado en las escuelas, generalmente a partir de los 10/11 años, aunque nos gustaría poder empezar a una edad más temprana. También formamos a sus familiares. Nuestro objetivo principal es enseñar que las relaciones eróticas son mucho más que el coito y, sobre todo, ayudar a romper el tabú que impide que se hable en casa con naturalidad. La verdadera educación sexual se hace en las familias y la edad adecuada para hablar de sexualidad es desde que nacen. Hacerlo así generara un mayor acercamiento entre progenitores e hijos basado en la confianza y evitaría algunos problemas.

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