2014/05/17

DEIA: "Esta sociedad no ha resuelto sus problemas con la diversidad sexual"

Inmaculada, Javier y Beatriz, miembros de colectivos de gays y lesbianas posan para una entrevista sobre el Día Internacional contra la Homofobia que se celebra hoy.
Inmaculada, Javier y Beatriz, miembros de colectivos de gays y lesbianas posan para una entrevista sobre el Día Internacional contra la Homofobia que se celebra hoy (D. de Haro)


 
Bilbao - Están de acuerdo en que la situación social y legal respecto a los gays y lesbianas no tiene nada que ver con la que se vivía hace 30 años. Pero, para Inmaculada Mujika (55 años), Beatriz Ramírez (28 años) y Javier Regalado (43 años), todavía queda mucho por hacer en una sociedad heterosexual que impone sus esquemas y estereotipos.

¿Sigue teniendo sentido celebrar este Día contra la Homofobia?
-Inmaculada Mujika: Muchísimo. La sociedad no ha resuelto sus problemas con la diversidad sexual. Hay que seguir recordando que existe la homofobia, la violación de derechos humanos. Este día y muchos más: el 26 de abril (Día de la Visibilidad Lésbica), el 12 de octubre (contra la Transfobia)...
-Javier Regalado: Mientras haya homofobia, por supuesto. Y no solo centrarnos aquí, sino mirar un poco más allá y ver otros países en los que puedes ir a la cárcel o ser condenado a muerte. Tenemos mucho por lo que batallar.
-Beatriz Ramírez: Todos los días deberían servir para reivindicarlo.
¿No ha cambiado la sociedad?
-I. M.: Cuando empecé a militar en esto, con 20 años, era un tema tabú, silenciado. Era difícil ser lesbiana, ser gay o transexual. Desde principios de los 80 se han multiplicado las referencias públicas, los medios de comunicación lo reflejan, hay una actitud más receptiva y positiva que antes, casi se ha logrado la igualdad legal... Ahora hay muchas más condiciones objetivas para que la gente sea feliz con lo que es. Antes no lo era, y yo lo he vivido.
-J. R.: En mi casa nunca ha habido una connotación negativa y aún así me costó salir del armario. No por miedo a represalias, sino a defraudar, a no cumplir las expectativas. Te queda el poso de aquellos gays solterones del pueblo, que vivían con su madre y eran el raro.
-B. R.: Mi familia es bastante tolerante; salí del armario con 18 años y nunca he tenido ningún problema. Pero tengo una expareja con la que estuve tres años y no había salido del armario.
-J. R.: Han bajado las manifestaciones homófobas abiertas, pero ha crecido la hipocresía. Como afortunadamente está mal visto ser homófobo, hay gente que lo es por detrás.
-I. M.: Tenemos una homosexualidad muy basada en lo políticamente correcto: poca gente se atreve a llamarte tortillera pero nunca falta quien te diga yo respeto mucho pero, ¿por qué os dejáis ver tanto? Antes había muchas más agresiones físicas, una discriminación legal... Ahora la homofobia es algo más sutil. La sociedad se ha estancado y sigue siendo crítica.
-J. R.: Totalmente de acuerdo; sed lo que queráis pero en vuestra casa.
-B. R.: A mí me da pena que haya muchas personas que se dejen dominar por esas exigencias sociales. Por mucho que te digan que no te beses, está en ti hacerlo o no. El activismo también es personal.
-J. R.: No todos lo tienen fácil... Y hay mucha gente que todavía no llega a vivir su sexualidad más que en algún cuarto oscuro o en un pinar. Conocí a un chico que estaba casado; sabía que tenía que dar ese paso pero no se atrevía. Perdí el contacto con él y el año pasado, el Día del Orgullo, mientras íbamos por la Gran Vía, le vi, 12 años después, con su mujer. Me dio mucha tristeza.
¿Por qué ocurre eso?
-B. R.: Por miedo.
-J. R.: Hay trabas, vergüenzas... Es un cambio muy importante y todos tenemos miedo a ellos.
-I. M.: Vivimos en una sociedad donde lo que no es heterosexual es la excepción. Y no es agradable vivir siendo la excepción.
¿Se notan diferencias entre el trato a gays y a lesbianas?
-I. M.: Solo hace falta hacer un listado de chicos públicos gays. Y, ¿cuántas mujeres hay?
-B. R.: La homofobia nos afecta a todos pero a las mujeres, doblemente. El hecho de ser mujer nos relega al ámbito privado y nos presupone ciertas características: la maternidad, la familia...
-I. M.: No entiendo esa relación que se hace lesbiana-pobre-no-va-a-ser-madre, cuando es un sector que cada vez está teniendo más hijos. Y son las más visibles. Las lesbianas hemos conseguido visibilidad a través de la maternidad.
-B. R.: Quiero ser madre, es una de mis ilusiones. No voy a dejar de serlo.
-I. M.: Cuando yo tenía tu edad, ni siquiera se nos pasaba por la cabeza. Que el colectivo de lesbianas se plantee ser madre de forma tan natural me parece un gran avance.
-B. R.: ¿Cómo puede seguir debatiéndose si un niño necesita un padre y una madre?
-I. M.: Aquí las mujeres salimos ganando por ese rol de madre.
-B. R.: Yo creo que tiene mucho que ver los estereotipos del típico gay subido a una carroza.
-J. R.: Hay muchas críticas por el qué mal os hace esa imagen. Todos los años en el carnaval de Brasil hay gente subida a una carroza y nadie habla de la mala imagen que da al colectivo heterosexual. Es un día de fiesta. No presupongas nada de las personas que están en la carroza y mucho menos de todo el colectivo.
-I. M.: ¿Alguien se plantea la mala imagen que dan los programas del corazón sobre los heterosexuales?
-J. R.: La gente todavía cree que, cuando eres homosexual, lo más importante es que seas homosexual, esa etiqueta. Pero cuando eres heterosexual se tiene en cuenta si eres alto o bajo, rubio o moreno...
-I. M.: A mí la palabra lesbiana me incomoda. Soy lesbiana sí, pero en un sentido político; no me identifica como persona. Algún día las etiquetas no tendrán importancia porque no será relevante lo que tú hagas sexualmente hablando.
Entonces, ¿por qué se le da tanto valor a que una persona diga públicamente que es gay?
-J. R.: No tendría importancia si la realidad no fuera que, salvo que digas lo contrario, eres heterosexual. Si quieres que nuestro colectivo sea visible para que sea normal, beneficia que haya gente que salga del armario públicamente.
-I. M.: Ayuda a muchos a sentirse orgullosos de lo que sienten. Cuando uno se da cuenta de que no es heterosexual, su autoestima se deteriora. El ver una referencia pública es un refuerzo muy positivo.
A nivel personal, ¿han sufrido prejuicios, actitudes negativas...?
-B. R.: Sí, alguna vez. No me han insultado mucho por la calle, pero tres o cuatro veces, sí: lesbiana, tortillera, lo que te hace falta es un buen...
-I. M.: Hubo una época en la que nos rayaban el buzón de casa. Salvo agresiones verbales por la calle, no he tenido actitudes homófobas. He estado en empresas siendo la lesbiana oficial y nunca he tenido ningún problema.
¿Y el futuro? ¿Cómo lo ven?
-I. M.: Yo, en la brecha. Reivindicando que esta realidad se incluya también en todos los servicios para mayores: viajes, centros de día, residencias...
¿No lo está hoy en día?
-I. M.: Nadie se imagina que un mayor pueda ser gay o lesbiana. ¿Ve alguna pareja homosexual en las fotografías de los trípticos? No hay mayor exclusión que la invisibilidad; todos necesitamos sentirnos incluidos y que se hable de nosotros. Una de las batallas está ahí. Yo quiero dejar de ir a las citas ginecológicas y que me pregunten por mi marido...
-J. R.: Yo veo el futuro con mucho cuidado. Parece como si siempre fuéramos hacia adelante pero la misma historia nos demuestra que no siempre ha sido así. En la República había más tolerancia que con el Franquismo. Y hay países donde la extrema derecha está cogiendo una fuerza que asusta. No creo que las cosas vayan a ir tan rápido como a mí me gustaría.

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