2011/05/19

IÑAKI URDANIBIA / ERRESPETUZ


CRITICA LITERATURA / ENSAYO
«Más allá de las etiquetas» Sexo y género

Iñaki URDANIBIA
La usurbildarra de adopción Coral Herrera (Madrid, 1977) nos entrega un mapa para ubicarse sin pérdida en lo que hace a las mujeres, hombres y trans. La cartografía la realiza con un indudable rigor y con una amplitud que abarca la totalidad del asunto sin olvidar ningún rincón a escarbar; no en vano, el origen del libro está en un trabajo académico al que se ha quitado todos los formalismos propios de tal tipo de textos. Nadie se perderá en la exposición ordenada que la autora desarrolla con claridad, dentro de los límites borrosos que a veces pueden surgir a la hora de trazar con nitidez las diferencias entre la esencia y la existencia.
Si los existencialistas primaban la segunda frente a la primera, Simone de Beauvoir lo dejó claro en célebre fórmula archirrepetida de que la mujer no nace sino que se hace. Coral Herrera inicia precisamente la presentación de su trabajo con la afirmación de que «los hombres no nacen, se hacen», lo cual ya marca, en cierto sentido, el tono de lo que a continuación viene. Se subraya la cuestión de que el aprendizaje juega un papel esencial a la hora de cumplir los roles masculinos o femeninos que las pautas culturales marcan como normales. El patriarcado como instancia que impone en los cuerpos -y las almas- los criterios a seguir es puesto en la picota por la autora, que emprende su combate desde unos posicionamientos feministas libertarios. En el plano metodológico, sus posturas son deudoras del pensamiento de la complejidad, impulsados por Edgar Morin, y hace suyas las posiciones propias del pensamiento que considera así el ser hombre o el ser mujer como fruto de una performance. Al tiempo, se muestra constructivista en la medida en que las identidades no vienen dadas por el genotipo, sino que también se ha de considerar como fundamental lo fenotípico, es decir los aspectos relacionados con la cultura, la religión y otras sobredeterminaciones ideológicas. Si el camino lo inicia convertida en arqueóloga que busca los orígenes y las distintas utilizaciones conceptuales del género y el sexo, sus averiguaciones continuarán por las diferencias y los mecanismos que se han ido forjando y transformando con el paso del tiempo. Al final, sus posturas apostarán por lo trans, por la diferencia, por lo «a través», por lo que se ubica «en medio», «entre dos», y no en el topos asignado por las férreas jerarquías basadas en la rígida bipolaridad de blanco o negro, hetero u homo, hombre viril o mujer femenina...
Un libro que no ha de pasar inadvertido para quien se interese por estas cuestiones y no las considere como compartimentos estancos definidos en base a estrictas etiquetas no intercambiables.


AINARA RUIZ ERRESPETUZ PERTSONA TRANSEXUALEN INTEGRAZIO ETA BABESERAKO EUSKAL ELKARTEAREN IZENEAN
Nota de prensa de Errespetuz
Desde la asociación Errespetuz escribimos esta nota para mostrar nuestra preocupación por el uso de un lenguaje transfóbico en la crítica titulada «Más allá de las etiquetas. Sexo y género», publicada por GARA el 7 de mayo.
Consideramos bastante grave hablar de «mujeres, hombres y trans» (sic) como se hace en ese artículo, tratando «trans» como categoría diferente a las de «mujer» y «hombre»... Puede parecer una tontería, que no es más que una mera cuestión de lenguaje... Pero el lenguaje, como sabemos las personas pertenecientes a grupos oprimidos y/o discriminados, puede servir para negar identidades y derechos, para ocultar y perpetuar opresiones y discriminaciones... Hablar de «mujeres, hombres y trans» (sic), aunque sea por ignorancia del crítico, o por el uso de conceptos transfóbicos en el libro comentado, resulta hiriente y una negación de la identidad de las personas transexuales.
Las mujeres y hombres transexuales estamos luchando por que se nos reconozcan nuestros más básicos derechos humanos, entre ellos el derecho a nuestra propia identidad; combatiendo la larga cadena de la transfobia que tiene comienzo en la negación de nuestra identidad sexual (si «no somos realmente mujeres u hombres», «somos una mentira, un engaño»... y ¿qué respeto y qué derechos se merece quien «no es más que un fraude»?...) y continúa en la vejación, discriminación, exclusión social, agresiones y asesinatos... Cuando estamos luchando por nuestros derechos y nuestra identidad, combatiendo los prejuicios transfóbicos que nos la niegan, hablar de «mujeres, hombres y trans» no sólo es hiriente para todas las personas transexuales, sino un golpe a nuestros derechos, una participación (aun involuntaria) en la perpetuación de la transfobia, similar en cierto modo al tratamiento informativo de la violencia machista que hacen ciertos medios que, parcial o totalmente, consciente o inconscientemente, justifican esa violencia.
No hemos leído aún el libro, por lo que no podemos saber si ese lenguaje transfóbico se ha usado también en él o no (de ser así, extendemos también nuestra protesta al libro y a la autora). De cualquier forma, sea copia de las palabras de la autora del libro o sea obra del crítico, nos parece bastante grave que se publiquen artículos con ese lenguaje negatorio y transfóbico que agrede a los derechos y la identidad de las personas transexuales (aunque sea de forma involuntaria). Por ello, enviamos esta nota de queja (cuya publicación agradecemos), y pedimos al diario GARA (al igual que al resto de la población) que cuide el lenguaje y que evite términos negatorios que no sólo hieren, sino que también contribuyen a perpetuar los prejuicios transfóbicos.

IÑAKI URDANIBIA CRÍTICO LITERARIO

Mujeres, hombres y... glup

(En contestación a la carta de Errespetuz)
Leyendo la nota de Ainara Ruiz, me he sumergido en una estado de estupefacción profundo del que no puedo salir.
No comenzaré por ponerme galones ni colgarme medallas, ni recurrir -como prueba de mi probidad en este terreno- a la abundante colección de artículos o presentaciones de libros sobre el tema (lucha contra el sexismo y diferentes fobias que le acompañan) que les/me preocupa.
Si a la mala lectura se une la mala fe, posible deudora de una desmedida susceptibilidad, el resultado no puede ser más que nefasto. Es el caso, ya que sólo usted(es) se han pillado un recalentón indebido con mi artículo del otro día sobre el libro de Coral Herrera «Más allá de las etiquetas» (editado por Txalaparta), mientras que otros colectivos queer (¿me dejan decir eso o también muestra una postura insultante y discriminadora?) han colgado, repescado, en la red el artículo tal cual, además de algún otro servicio sexológico, aunque seguramente todos estarán equivocados al poseer usted(es) la interpretación única y verdadera en este tema, y en otros tal vez. Usted(es) se han dejado llevar por una lectura superficial y parcial de mi comentario, y ya decía el otro que ex abundantia cordis os loquitur, vamos que se dejaron llevar por un ramalazo atorbellinado, y puestos a desenfocar... lleguemos hasta el mismo desbarre insustancial.
Hace falta leer con gafas perversas mi artículo para quedarse con una frase -«mujeres, hombres y trans»- como muestra de un tufillo transfóbico, muestra por otra parte de mi ignorancia; tal distinción, es obvio, la subrayan ustedes y otros colectivos supongo que sin ánimo «negatorio». Servidor, por más que lee y relee el artículo motivo de su ira, nada de lo que dicen ve, sino al contrario, un claro tono antipatriarcal, antisexista, etc.
Así las cosas, no comprendo nada de nada, y me da por pensar, sin buscar motivos ocultos, que la insultante crítica no puede ser fruto más que de la mala fe o de la mala lectura, o de ambas a la vez; o si no a un tipo de lectura tan sutil que a este humilde servidor se le escapa. Ante todo ello, me preguntaré, como el otro: ¿Por qué?
No entraré a discutir con usted(es) mi visión sobre el tema, ya que tras su inquisitorial y simplificadora nota me veo reducido al estado del que hablase Wittgenstein: «de lo que no se puede hablar, mejor es callar». Así, me callo.
Para concluir añadiré que si ustedes pretenden buscarse amigos y aliados en su lucha y actúan así con quienes pretenden apoyarles, desde luego funcionan como el del chiste: hormiguita, hormiguita, estoy solo, tú eres la única que me quiere, y en su alborozo elogioso y cariñoso, zas!, da una palmada y mata a la pobre hormiguita que estaba en la palma de su acogedora mano. Pues eso, que desde luego, viendo sus insultos a uno -pobrecito tránsfobo (aun involuntario), ignorante, etc.- se le pasan las ganas de escribir sobre estos temas, aunque quizá sólo podría hacerlo pasando por la censura previa de... Ainara Ruiz.


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