2010/04/18

20100418- Transfeminismo por Helena Torres

¿Cómo se construye un punto de vista transfeminista?

No puede ser una visión universal y homogénea sino una conexión de voces, una articulación de alianzas que beba de distintas fuentes: el postfeminismo, el postcolonialismo, las teorías postidentitarias, la postpornografía (y post no quiere decir que están de vuelta, porque eso querría decir que no han ido demasiado lejos; sino que surgen de y van hacia un lugar aún no definido). Un punto de vista que se nutra de los conocimientos tallados a partir de experiencias. Moldeado por algo que nos cuesta mucho pensar: una ética que nos guíe y nos recuerde que hemos abandonado las identidades fijas y, con ellas, todo el tinglado montado sobre la familia nuclear, los lazos de sangre, la herencia y la descendencia, y sobre un tipo de amor, el romántico, que tan mal se lleva con nuestra ansias de libertad sexual. No se puede ser puta y santa, madre y libre, pareja y amiga, sin caer en las contradicciones de un lenguaje y unas prácticas que no cohabitan. Coexisten, pero no copulan. Y a veces se dan de hostias.
Un punto de vista transfeminista tiene que surgir de la creación y la circulación, del trabajo colectivo, distribuido y ligado. No podemos intentar poseerlo, apropiarnos de este punto de vista. No es de nadie pero tiene que ser creado por todas.
Un punto de vista transfeminista no puede ser inocente, ubicuo, inmaterial ni individual. Tiene que ser comprometido, situado, material, encarnado y colectivo. Tiene que ser un pensamiento que habita y habla desde los márgenes, que niega un yo unitario y normativo, que habla desde nuestras experiencias y saberes en tanto habitantes de las alcantarillas.
Un punto de vista transfeminista necesita un lenguaje propio que trascienda las divisiones de género, las separaciones identitarias y raciales. Necesitamos volver a nombrar, porque desde este lugar las cosas se ven y se viven de manera diferente. No podemos repetir los mismos modelos y los mismos dictámenes que abocan a la normalidad o, en nuestro caso, a su transgresión.
Este lenguaje tiene que ser a la fuerza contaminado, producto de fusiones ilegítimas, nunca puro. Tiene que ser no genérico, con más verbos –acciones- que nombres –identidades. Hacer del verbo un agente.
Intentando situarme en un punto de vista, propongo un par de preguntas sobre dos conceptos sobre los que vuelvo y revuelvo cada día:

Primero:

¿Cómo nombrar al amor desde este lugar? ¿Cómo nombrar un amor no basado en los lazos de sangre, ni en la necesidad de reproducción, ni en la herencia y la propiedad privada? ¿Simbiosis? (en tanto asociación con provecho común) ¿Domesticación? (un ser habitado por otro ser, trasformados ambos por su mutua okupación; un estar con el otro) ¿Amor de manada? (un parentesco sexual, social, emocional y económico entre perras sin dueño) ¿Afinidad? (la atracción de caracteres, la Tendencia de los átomos y las moléculas a combinarse con otros) ¿Qué priorizaremos y qué dejaremos de lado al renombrar el amor?
Una vez dinamitadas las identidades fijas, todos los conceptos y prácticas que de ellas emanaban también vuelan por los aires. No podemos tener el monopolio de un ser que no encaja en un modelo unívoco, rígido. No podemos seguir aferrándonos a una idea de amor encuadrado en las cuatro paredes del hogar familiar.
Si ya no queremos seguir reproduciendo el modelo de pareja sobre el que se asienta el patriarcado y la familia nuclear, tenemos que crear nuevas formas de parentesco, otro tipo de relaciones no basadas en las jerarquías, ni en los celos, ni en la posesión. De allí saldrá el nombre.
Para eso, necesitamos una ética amatoria y una teoría de las emociones basadas en seres híbridos, en cuerpos que sienten y emociones que moldean cuerpos, una ética anti-jerárquica que nos guíe cuando no sabemos dónde ir. Lo que necesitamos es afinidad y no identidad. Y estas afinidades tienen que ser la articulación de distintas experiencias y saberes, y no un nuevo producto a consumir o a imponer.


Segundo:

¿Cómo definimos la violencia desde un punto de vista transfeminista? ¿Podemos seguir separando violencia de estado y violencia familiar?¿podemos seguir separando espacio público y espacio privado cuando una de nuestras formas de expresión son los blogs o cuando practicamos el sexo público? ¿Podemos seguir hablando de violencia de género y violencia internacional cuando la violencia atraviesa toda nuestra existencia? ¿Cómo actuaremos frente a la violencia dentro de la manada? ¿La aceptaremos porque viene de “una de las nuestras”, reproduciendo así el esquema de las identidades fijas por las que aceptamos que “los hombres” mandan y pegan y “las mujeres” obedecen y callan? ¿cómo pensar la violencia más allá de buenos y malos?
Estos nombres vendrán dados por una praxis vital y por un pensar y repensar los términos de nuestras relaciones y nuestro accionar.
Algunas herramientas para otro lenguaje pueden ser:
• La ironía y la blasfemia, porque el humor es una gran estrategia retórica y un poderoso método político
• Las metáforas, porque necesitamos reconstruir sistemas de mitos y significados y las metáforas abren puertas. Tenemos que crear un lenguaje contaminado que abra significados en lugar de estancarlos, que no cree nuevos modelos sino que los dinamite. Para ello tenemos que apelar a géneros mezclados que se nutren entre sí: la ciencia ficción, la poesía, el cómic, la performance, la representación visual, la experiencia devenida relato compartido e intervenido en el blog
• Relatos de un mundo vivible, de un presente que nos incluya, a nuestras experiencias y nuestros deseos
• Un pensamiento que abandone la reflexión y abrace la difracción. Un reflejo hace retroceder las ondas creando una imagen idéntica al objeto. Una difracción desvía y produce una imagen distorsionada, a veces irreconocible.
• El dinamitar los códigos jerárquicos y de posesión y desparramar y compartir saberes a través de la reunión, la publicación, el software libre, internet, sacando el conocimiento de las universidades y contaminándolo

Algunas herramientas para una ética pueden ser:
• La honestidad, que en este caso no tendrá nada que ver con la autenticidad (una vez rotos los modelos, la idea de autenticidad pierde todo significado). Honestidad en tanto mantener una responsabilidad con las prácticas que decimos defender, más allá de las nociones de causa y efecto, acción y reacción. El mundo ya no puede ser entendido como las medias partes de una naranja. Donna Haraway dijo "Nunca hemos sido humanos y, por tanto, no estamos atrapadxs en la trampa ciclópea de mente y cuerpo, acción y pasión, actor e instrumento."
• Establecer alianzas contingentes, moverse por objetivos, abandonar definitivamente los fundamentalismos, las ideas mesiánicas, el liderazgo trotskista.
• No perder de vista desde dónde hablamos y manteniéndonos vivas gracias al calor de un parentesco basado en una ética amatoria que luche contra la moral y la posesión. Después de todo, hasta en Casablanca la vida es vivible si se disfruta de una gran amistad. ¿o será afinidad?...
en 11:54

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