2010/04/12

20100412- Paradoja: gays piden refugio en México

Pese a las discriminación que se vive aquí, al menos treinta homosexuales han solicitado establecerse en el país

Era anormal. Al menos así se lo había hecho creer su padre que con los puños cerrados lo golpeaba para intentar corregir su supuesto “desperfecto”. Los palos, cinturones o incluso las piedras eran instrumentos que su progenitor utilizaba contra él por ser un niño que jugaba con muñecas, hacía la comida y cosas del hogar, esas cosas que “tradicionalmente” hacen las mujeres. Él “había nacido varón y tenía que actuar como tal”, decía el papá.

Los insultos no se quedaban en casa. Sus antiguos compañeros de la escuela en una zona rural de Honduras lo insultaban una y otra vez. Antonio, que para guardar su anonimato en esta ocasión se llama así, dejó su pueblo creyendo que en otro, la calma lo alcanzaría. No hubo tranquilidad. Lo que sí llegó a él, nuevamente, fueron los golpes y las amenazas de muerte que un empleador le había hecho por ser gay.

Huir de la muerte

Ya no podía, pero tampoco quería permanecer en su país. Se enroló, como menor de edad, en los ejércitos de emigrantes para llegar a Estados Unidos, donde sabía que ser homosexual no es penado por la sociedad. Lo intentó dos veces, pero fue regresado a su país. Y se prometió intentarlo mil más.

No hubo tantas oportunidades de hacerlo, pues en la tercera ocasión fue detenido por agentes migratorios en México. Ahí, al ser escuchado por un oficial de protección a la infancia, empezó su fortuna. Antonio le expresó su temor por regresar a Honduras, debido a las amenazas de muerte.

Su caso llegó a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) donde solicitó su condición de refugiado y la obtuvo. Hoy permanece en un albergue para menores hasta cumplir los 18 años y reconstruye su futuro en México. Como Antonio, muchos otros extranjeros, por casualidad o de manera predeterminada, encuentran en México un refugio para salvarse de las agresiones que sufren por ser homosexuales.

México como refugio

Según datos de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados, hasta enero pasado había en México mil 226 personas refugiadas. En 2009, 680 individuos solicitaron éste estatus y sólo 113 fueron reconocidas en esta condición.

Las nacionalidades son diversas: 22.9 por ciento son guatemaltecos; 16.3, colombianos; 14.9, salvadoreños; 14.2, haitianos, y 4.2 por ciento de la República Democrática del Congo. También hay algunos procedentes de Irak.

Lo información que no existe de manera exacta, es cuántos de esos extranjeros han sido reconocidos como refugiados por discriminación debido a sus preferencias sexuales. Esto, porque la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados a la que pertenece México, así como la Ley General de Población no identifica como una causal de manera específica a la homofobia o el género de una persona.

No obstante, un cálculo extraoficial apunta a que, en un periodo de diez años, se han presentado unos 30 casos de refugio relacionado a la persecución por ser gay o lesbiana.

Cuando la decapitación es el castigo

Alejandra Carrillo Soubic, oficial de protección del Acnur, explica que una persona es sujeta de refugio cuando en su país sufre persecución constante, tiene en riesgo su seguridad, su vida o su libertad, pero además cuando su nación de origen no quiere o no puede proteger los derechos de las personas. La funcionaria advierte que cada caso es diferente y se evalúa en su contexto.

“Los homosexuales no requieren haber salido del clóset, tal vez escondieron su condición y tienen temor a revelarla. Algo le pudo haber sucedido o tienen miedo al futuro”, dice Carrillo Soubic.

Las cinco causas por las que se puede reconocer el refugio son: raza, religión, opinión política, nacionalidad y pertenencia a un determinado grupo social. En éste último rubro, relacionado casi siempre con otros factores, es donde habitualmente encajan los homosexuales perseguidos.

Ellos huyen de su país por sentirse discriminados, odiados y agredidos. Otros, los provenientes de países musulmanes, además de evitar el insulto social, escapan de la lapidación, la horca, los latigazos o la decapitación. Las leyes civiles o religiosas de algunos países imponen estos castigos a los gays.

“La decapitación como método para ejecutar sentencias basadas en la Shaira o ley islámica es exclusiva de Arabia Saudí, país que sigue la interpretación más rígida e impone la pena de muerte por homicidio, violación, robo a mano armada, trafico de drogas, brujería, adulterio, sodomía, homosexualidad, bandolerismo en autovía, sabotaje y apostasía”, dice un informe de la Acnur acerca de la pena de muerte en el mundo.

Las historias en México

Patricia Olamendi, responsable de Asuntos Multilaterales de la Secretaría de Relaciones Exteriores durante el sexenio de Vicente Fox Quesada y la diputada Enoé Uranga conocen al menos seis personas extranjeras a quienes les fue reconocido su refugio durante ese periodo de gobierno.

Fueron tres casos provenientes de países musulmanes: dos hombres y una mujer que huyeron de castigos ejemplares. También una nicaragüense, un colombiano y un salvadoreño.

Acnur registra entre 2008 y 2009 el caso de Antonio, el de un colombiano con VIH Sida y el de otro transexual de Honduras. La oficina de Naciones Unidas asegura que la mayoría de los refugiados se concentran en el Distrito Federal y que no han recibido quejas de ser discriminados por su preferencia sexual.

Las contradicciones se imponen

Cristal y Sheila huyeron de Querétaro y hoy se refugian en Canadá con su hija Alexa de cuatro años. Ahí han podido salir a la calle y ser vistas como una familia. No esquivan amenazas o insultos. Cristal, madre biológica de la niña, mantiene un juicio con su ex esposo por la custodia de la menor.

“En cualquier parte de México nos hubiéramos sentido amenazadas, tanto por la corrupción y homofobia de las autoridades como por nuestra condicicón familiar. Salir del clóset es complicado aún y medianamente tolerado en México, pero ya ver a una pareja de mujeres besándose en la calle y con su hija a lado, eso resulta abominable, incluso en el Distrito Federal, donde se acepta el matrimonio entre homosexuales y la adopción de menores por estas parejas”, cuentan la pareja que vive desde 2008 en México.

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