2015/01/29

EL PAIS:Lo que Elvis ha unido, que no lo separe el Tribunal Supremo

El alto tribunal debe decidir esta primavera si legaliza definitivamente el matrimonio homosexual en todo EE UU
Alexander y Jeffrey se besan durante su boda, oficiada por un Elvis y un stripper. / ARMANDO ARORIZO



Alexander Ray y Jeffrey Lyon siempre quisieron una boda tradicional. “Tradicional de Las Vegas”, aclaraba Jeffrey justo antes de entrar en la capilla Viva Las Vegas el pasado sábado. “Espero que haya un Elvis y algo más”. Cómo no. Elvis ofició la ceremonia a ritmo de Burning love. Además, un stripper masculino hizo de ayudante. “Por el poder que me otorga el Estado de Nevada, y porque soy El Reeey, yo os declaro marido y marido”, dijo el oficiante tras escuchar los votos de los novios. Alexander y Jeffrey se besaron, bailaron con Elvis y salieron partidos de la risa con su certificado de boda en unos 20 minutos.

No sabemos qué opinaría Elvis de verse bailando con un hombre semidesnudo y casando a otros dos hombres, pero la capital mundial de las bodas es un buen termómetro de la realidad del matrimonio homosexual en EE UU. Esta es una realidad diaria en la ciudad cuyos mitos fundacionales son muy heterosexuales. El avance en aceptación, legal y social, ha sido inmenso en apenas un lustro y probablemente irreversible desde la decisión del Tribunal Supremo en 2013 que otorgaba a los matrimonios gays los mismos derechos que a los heterosexuales.
Desde entonces, los jueces federales y las cortes de apelaciones han ido sancionando la legalidad del matrimonio homosexual Estado tras Estado. Con sus decisiones sobre casos ejemplares, ya han hecho legal el matrimonio gay en 35 Estados, dando cuerpo legal a uno de los cambios sociales más profundos que ha vivido Estados Unidos en las últimas décadas.
Sin embargo, en aquella ocasión el máximo órgano judicial del país dejó una cuestión clave sin resolver. Los matrimonios gays, allí donde se produzcan, tienen los mismos derechos, pero ¿tienen los homosexuales derecho constitucional a casarse o no? Eso es decisión de los Estados, dijo el Supremo. Por tanto, sigue habiendo base legal para la continuación de las prohibiciones y las trabas en más de una docena de Estados muy conservadores concentrados en el sur religioso y el medio oeste.

El pasado viernes 16 el Tribunal Supremo de EE UU aceptó escuchar un nuevo recurso contra prohibiciones en Kentucky, Michigan, Tennessee y Ohio. Ahora sí, antes de junio, el alto tribunal debe pronunciarse sobre el fondo de la cuestión, de una vez por todas. La decisión llega a un país en el que incluso estados muy conservadores como Nevada, donde hace poco más de una década Alexander y Jeffrey se habían buscado un problema muy serio si caminaban por la calle principal cogidos de la mano. El sábado, su nombre aparecía en el letrero luminoso de la capilla Viva Las Vegas.
En contra de lo que los comerciantes de Las Vegas esperaban, la legalización no ha traído una avalancha de turismo gay. El condado de Clark, donde está Las Vegas, otorgó 80.738 licencias de matrimonio en 2014, una cifra muy parecida a la del año anterior. Si existe un fenómeno de bodas gays en la ciudad aún no se ha notado en las cifras globales. Desde la legalización, el 9 de octubre, hasta el pasado 7 de enero se habían dado 19.460 licencias, 1.000 de ellas (el 5%) a parejas del mismo sexo, más de 300 al mes.
Despojado del traje de Elvis, el actor Brian Mills, gerente de la capilla Viva Las Vegas, explica que desde la decisión judicial del 9 de octubre las bodas gays se han convertido en el 20% de su negocio de la noche a la mañana. “Es una enorme parte del negocio, no sé si seguirá así el resto del año”, asegura. Esta capilla tiene la ventaja de anunciarse como la única del Strip, la calle principal de la ciudad, cuyos propietarios son gays. Mills asegura que la mayoría de las parejas gays son gente entre 25 y 40 años. Hay algo generacional en esta normalidad. “Creo que está aquí para quedarse, dentro de un año será legal en todas partes”.
Alexander y Jeffrey tienen 30 años y llevan 10 viviendo juntos en Minneapolis, Minnesota. Cuando dijeron que se querían casar, sus familias empezaron a meter baza en los preparativos. Se agobiaron, detuvieron los planes, se tomaron unas vacaciones y quedaron en Las Vegas con sus amigos Judith y Eric, que viven en Santa Cruz, California. Ni siquiera sabían si era legal casarse en Nevada, lo buscaron en Google al llegar. El pasado viernes, durante la cena, les dijeron que al día siguiente se casaban y que ellos eran los testigos y los únicos invitados. No se lo han dicho a su familia, ni piensan. Ya se enterarán. “Cuando se les pase el enfado”, harán una celebración en Minneapolis.
Minnesota es uno de los 35 estados donde es completamente legal el matrimonio homosexual. La razón por la que Alexander y Jeffrey prefirieron Las Vegas da una idea de lo que ofrece la ciudad a las parejas gays: exactamente lo mismo que a las demás. La posibilidad de obtener una licencia de matrimonio exprés y una boda a la carta con cualquier presupuesto, todo en un par de horas. Más las infinitas opciones para celebrarlo. “La marca de Las Vegas es la libertad adulta, cada uno decide lo que eso significa para él”, define Heidi Hayes, portavoz de la autoridad de turismo de la ciudad. En este sentido la ciudad que vive de la farra y donde el turismo gay se veía recluido en determinados hoteles y clubs, no es ahora un destino gay. La normalidad consiste en que por primera vez es un destino para todos.
Terrel Wilsey, agente turístico y miembro de la asociación de comerciantes LGTB de la ciudad, Lambda, explica que económicamente Las Vegas no ha visto un boom de bodas gays porque ha llegado tarde a la fiesta. “Lo que ofrece Las Vegas es que aquí puedes hacer cosas que en otros sitios no puedes”. Y el principal servidor de turistas de la ciudad, California, legalizó las bodas en 2008. Wilsey se tuvo que ir a casar al Estado de Washington con su pareja desde hace 37 años. Está convencido de que si el Tribunal Supremo no decide de una vez por todas esta primavera, los republicanos de Nevada tratarán de revertir la situación.
Por sorprendente que fuera a tenor de los precedentes, legalmente el matrimonio gay se puede volver a prohibir. Si el Supremo insiste en inhibirse del fondo de la cuestión, o dice que la prohibición de los estados es constitucional, el conservadurismo cristiano se puede tomar la revancha. Pero lo que es irreversible es la normalidad con la que ya lo acepta una mayoría de EE UU incluso en sociedades como Las Vegas, una ciudad hasta hace poco muy heterosexual, para la que “sería una decepción intelectual más que económica”, dice Wilsey. En solo cinco meses, las bodas homosexuales ya son parte de Las Vegas y las oficia El Rey en persona. Lo que Elvis ha unido, que no lo separe el Tribunal Supremo.

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