2014/12/01

EL MUNDO:Espejo del amor y de la muerte


LITERATURA Testimonio de dos enfermos de VIH

  • "La mayoría sigue rechazando a los seropositivos"
  • "Nos habíamos equivocado, pero la factura no podía ser tan alta"
Nicolás Herrero y Xulia Alonso, en la playa de Afife, Portugal (1981). E. M.
"Hizo falta que él muriera para llevar el problema a las casas". Él era Rock Hudson, el hombre que personificó la lacra de los 80, la pandemia que demonizó la pasión y provocó resacas irreversibles. "No estoy feliz por tener sida, pero, si esto puede ayudar a otros, al menos puedo saber que mi propia desgracia tiene un valor positivo", anunció a principios de 1985. Murió a los pocos meses de confesarse miembro del grupo de los amorales. Murió consumiendo las esperanzas de Xulia y Nico, que tras meses con las venas limpias de heroína se vieron obligados a saltar a su nueva vida sin paracaídas.
"Sí, es verdad, nos habíamos equivocado, sin embargo la factura no podía ser tan cara", escribe Xulia Alonso en Futuro imperfecto (ed. Mar Maior). Un testamento prematuro para narrar la historia que, estaba convencida, no tendría tiempo para contar más adelante.
Xulia y Nico se vieron inmersos en el Santiago de finales de los años 70 y principios de los 80. Todo en Compostela olía a libertad, a adrenalina, a noches de dos días... y se dejaron llevar. "No recuerdo la primera vez que consumí, tampoco la última, empecé a tontear con la heroína, conocí a Nico, nos enamoramos y un día nos dimos cuenta de que lo único que nos importaba era conseguir esa dosis", relata. Juntos se metieron en el infierno y juntos decidieron salir de él. Ingresaron en un centro de desintoxicación, que en aquella época eran casas ruinosas con veteranos de guerra que entrenaban a sus soldados para la lucha que suponía volver a un mundo sin distracciones. Lo consiguieron y juntos imaginaron ese futuro lleno de oportunidades hasta que Rock Hudson hizo saltar la alarma social y los hospitales se llenaron de jóvenes chupados y temblorosos. "Llevábamos mucho tiempo sin consumir, estaba segura de que íbamos a dar negativo pero los dos estábamos infectados", recuerda Xulia.
Desde ese día, sus planes de futuro se difuminaban por la falta de noticias. Cuando les dieron el diagnóstico no sabían qué les iba a ocurrir, qué era el VIH ni cuáles eran sus consecuencias.
"Esa época ha sido la que más me ha costado narrar, porque me dolía mucho recordarla. Todo era incertidumbre". Pero cuando confirmaron que podrían tener una familia con un alto porcentaje de posibilidades de que su hijo no cargase con ese peso añadido, tuvieron a Lucía. Xulia empezó a escribir este libro para ella, "para contarle cómo llegamos a esa situación. Dejarle por escrito el relato de la historia de amor que la sustenta a ella. No quería que, si nosotros nos íbamos, ella tuviese un sentimiento de abandono".
Xulia no llegó a desarrollar la enfermedad. Nico luchó con uñas y dientes, pero el VIH se impuso ante su tozudez y murió en 1992 tras años de ataques, hospitales, esperas y desesperación. Xulia no escribió este libro con la intención de publicarlo, pero, tras años en una clandestinidad forzada, consideró que contar su historia ayudaría "a poner las cosas en su sitio". "Y reivindicar la memoria de los que yo conocí y ahora no pueden narrar lo que les ocurrió. La mala reputación y el adjetivo de amoral que se aplicó a los seropositivos durante esos años me parece muy injusta".
Futuro imperfecto es, además de la memoria de Xulia, un retrato de una sociedad desinformada, llena de tabúes y que afrontó el problema construyendo un muro de hormigón.
"Aunque han pasado muchos años, los seropositivos son rechazados por la mayoría. Voy a dar charlas a colegios y los jóvenes se sienten ajenos a esta enfermedad.Tienen muy poca información de cómo pueden contagiarse y, como nosotros, piensan que a ellos no les puede pasar", denuncia Xulia.
Para ella se trata de su «historia de superación»: la de Nico, la de Lucía y la de todos los que aún guardan silencio. Esos que son, de algún modo, ella y él. Dos cómplices del mismo infierno que los separó. "Me preparé, pues, para salvarte, y así empezó el último capítulo de nuestra vida juntos, un capítulo que sería de tal intensidad, autenticidad, sencillez y complejidad que, a pesar de fracasar en mi propósito de salvarte, dio sentido a toda mi existencia, la pasada, la presente y la futura, y eso, amor mío, no te salvó a ti, pero sí a mí".

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