2011/02/22

NUEVO HOGAR, SEGUNDA OPORTUNIDAD




EN GIPUZKOA, ALREDEDOR DE QUINCE PAREJAS FORMADAS POR PERSONAS DEL MISMO SEXO TIENEN A MENORES EN ACOGIDA. AITOR IRURETAGOIENA ES UNO DE ELLOS; DESDE HACE TRES AÑOS Y MEDIO HA TRANSFORMADO SU CASA DE AIA EN UN HOGAR PARA DOS NUEVAS NIÑAS.


"Es una experiencia dura, pero bonita". Con esta frase finaliza la entrevista Aitor Iruretagoiena. Natural de Aia, de 43 años de edad, lleva tres años y medio siendo una de las alrededor de quince parejas compuestas por personas del mismo sexo que acogen menores en Gipuzkoa. A finales de 2007 pasó de vivir con su novio en la casa rural que regenta en la citada localidad a formar parte de una familia a la que se sumaron dos niñas; en concreto, dos hermanas adolescentes con un pasado "complicado".
Antes de embarcarse en esta "difícil y al mismo tiempo muy positiva" experiencia, Iruretagoiena desconocía los entresijos del acogimiento familiar; sin embargo, hoy se muestra totalmente convencido y satisfecho con su decisión.
El proceso comenzó cuando él y su pareja, de la que se ha separado pero que sigue participando en la educación de las niñas, decidieron adoptar. "En aquellos años, y ahora también, era un poco difícil, por no decir imposible. Por otro lado, tengo amigos que trabajan en el mundo de la acogida y siempre me decían que debería animarme. Yo no sabía nada de cómo funcionaba esto, pero conocía cómo estaban los críos en los centros", explica Aitor.
Una vez tomada la determinación, vinieron la primera llamada, las reuniones con los técnicos de la Diputación Foral, el certificado de idoneidad y la propuesta. "A nosotros, la primera que nos hicieron fue la de las dos niñas, aunque según los resultados de los exámenes nos habría tenido que corresponder un niño menor de tres años. No obstante, siempre nos dejaron claro que podíamos decir que no", completa.
La primera parte del camino, la burocrática, comenzó en marzo; la segunda, la de ir conociendo a la pareja de hermanas, en junio; hasta que, finalmente, en octubre se quedaron a dormir en Aia por primera vez.
En el transcurso de esos meses tuvo lugar el "periodo de adaptación". "No vinieron a casa directamente, las fuimos conociendo poco a poco, quedábamos una tarde, luego dábamos un paseo, después la primera noche... Fue todo muy progresivo", apunta Iruretagoiena.
Aitor y su pareja sabían desde el principio que, en su caso, la acogida no tendría retorno. "Aunque mantienen un régimen de visitas y una relación con sus padres biológicos, estas niñas no pueden volver con ellos. Cada acogida es distinta según el menor. Hay algunas que son temporales porque los padres están en un programa de desintoxicación, en la cárcel o puntualmente no tienen recursos económicos. La nuestra, no", señala.
"De repente, teníamos en casa a una adolescente y a otra preadolescente y sí, el contraste es grande, pero ya estábamos mentalizados y lo asumimos, aunque luego la realidad siempre supera a la ficción y se hace cuesta arriba, pero también es bonito. Costó coger el ritmo porque cada una traía sus problemas, pero le hemos ido dando la vuelta", asegura Aitor.
DOS CHICOS
"Más divertido"
"Cuando llegaron a casa -dice- fue muy difícil porque estaban en una etapa complicada y también por sus propias vivencias". Sin embargo, estas dificultades nada tuvieron que ver con el hecho de que fueran una pareja homosexual. "Que fuéramos dos chicos se lo tomaron muy bien. Al principio, les solíamos preguntar si habrían preferido a un hombre y a una mujer y nos decían que no, que con nosotros era más divertido. Ellas lo han vivido con mucha naturalidad, mucho más que otra gente del entorno", comenta Aitor.
A pesar de todo, asegura que el hecho de vivir en un caserío tal vez les haya evitado tener que escuchar "cosas desagradables", aunque "el cotilleo ha sido inevitable". Las niñas, por el contrario, no han hecho más que aportar "naturalidad". "En ese sentido, nunca hemos tenido problemas con ellas", añade.
Y es que para las niñas, simplemente, son Aitor y Jose. No son sus padres y tampoco lo pretenden. "Lo tienen muy claro y yo no quiero suplantar a sus padres. Mi función es tratar de darles la mejor educación posible y conseguir que sean autónomas. Queremos que se independicen y prepararlas lo mejor posible para cuando llegue ese momento. Lo mismo que si fueran hijos biológicos o adoptados", asevera.
Y es que las niñas ya piensan en su futuro. "Tengo de todo en casa: tengo una chica que va ir a Gran Hermano, a Operación Triunfo a Fama y tengo otra que va a ser peluquera canina, pintora y futbolista, todo a la vez", describe.
"DIEZ SOBRE DIEZ"
"Lo volvería a hacer"
El proceso ha causado cambios en las niñas y también en su familia de acogida. "A ellas se les ve más tranquilas, más seguras. Al principio, todo era un drama; y es que si para nosotros supuso un gran cambio, para ellas...", explica.
Asimismo, en palabras de Iruretagoiena, participar de esta experiencia ha provocado una transformación en el modo de ver las cosas, en sus prioridades... "Pasas de ser una persona sin responsabilidades a tener dos niñas en casa. Cambian todos los hábitos, ya no hay juergas y, al principio, ni cenas porque se alteraban mucho", señala Iruretagoiena.
El entorno rural, que en opinión de Aitor les ha venido "de maravilla a las niñas", y una familia han hecho que, a pesar de la "mochila" que traían, "ahora estén muy bien". "Estos tres años y medio han sido muy, muy positivos, lo he pasado mal, he llorado, sigo llorando, pero lo volvería hacer. La vida es una experiencia y ésta es grande. Ellas dan más de lo que reciben. Son unas supervivientes que dan mucho más que nosotros", apunta. Y añade: "A veces nos sueltan: "estoy súper feliz" y tú te quedas con eso".
"Diez sobre diez", así es como califica Aitor esta empresa, en buena medida porque han tenido la "suerte" de coincidir "con unas niñas muy buenas". "Yo sé hacer las cosas de una manera, sé lo que no me gusta y lo que me gusta. Hay cosas de mi educación que intentaré no transmitir y otras que sí, pero, sobre todo, intentaremos que sean felices".
Jatorria: Noticias de Gipuzkoa

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