2010/03/18

20100318-«Tú no puedes ser lesbiana, eso es de payos»

 Sara, minusválida, y Rosario, de raza gitana, se casaron el pasado verano en Granada después de mucho luchar contra los prejuicios

«Hartas de secretos y mentiras»

Existir existen, pero, al igual que en la sociedad paya, en la comunidad gitana ser homosexual y vivir como tal es mucho más complicado para las mujeres que para los hombres. Aunque cada vez más las mentes gitanas se abren a esta realidad, todavía algunas jóvenes, cuando se deciden a compartirlo con sus familias, tienen que escuchar frases como: «Tú no puedes ser lesbiana, eso es de payos».

Así lo explica el antropólogo David Berná, que durante 10 años ha vivido en comunidades gitanas para investigar cómo viven la diversidad sexual. «Tenemos una mirada muy homogeneizante y cerrada sobre los gitanos. los hay muy conservadores, pero otros no lo son tanto», asegura a ABC.es. Pero la realidad es que, a pesar de que la familia pueda llegar a aceptar que a su hija le gustan las mujeres, el 98 por ciento de las que salen del armario vive su homosexualidad en el mundo payo, pero no se dejan ver en la comunidad gitana.

Berná recuerda el caso de una familia gitata de clase media del norte de España, que a pesar de estar muy integrados en la sociedad paya, les costó asumir que su hija fuera lesbiana. Empezaron a sospechar de su orientación cuando en plena adolescencia no «roneaba» ni iba al culto para dejarse ver por los chicos gitanos. Trabajaba fuera de casa y había empezado a tener relaciones con otras mujeres, aunque nunca se atrevió a confesárselo a sus padres. Fue su hermana la que la sacó del armario tras leer un correo electrónico personal en el que no ocultaba su orientación sexual. Su padre se enfadó mucho, pero a la familia no le quedó más remedio que asumirlo pero con un peaje: la discreción. Actualmente tiene una buena relación con sus padres, pero vive con su pareja en otra zona de la ciudad para que nadie de su antigua comunidad gitana sepa sobre su homosexualidad.

Más «fácil» lo tienen los hombres gays. «Al igual que en la sociedad paya, la figura del mariquita del barrio siempre ha estado presente, como la del artista gay, y socialmente se acepta mejor», señala Berná, que conoce bastante casos de parejas de hombres que viven con sus parejas y no han tenido ni que esconderse ni que renunciar a su comunidad.


El armario gitano

Aún así, salir del armario en el mundo gitano siempre es más complicado que en la sociedad paya «porque se enfrentan a varias barreras: ser gay, gitano, pobre y con un nivel educativo bajo» limita la libertad a la hora de hacer pública su orientación afectiva. Sobre todo por el rechazo de la familia, que en el caso de los gitanos, es el núcleo social, afectivo y económico, mientras que los payos vivimos de manera más individual.

Otros muchos deciden ocultarse y hacer el papel que su comunidad espera de ellos: casarse y ser padres o madres de familia, o permancer solteros. «Es una estrategia de superviviencia porque consideran que los perjucios de hacerlo público son mayores que los de silenciar la realidad», explica Berná. Entre los hombres, los hay que deciden callar y llevar una doble vida, «una situación que no se da en las mujeres porque sus obligaciones en la familia no les dejan ni tiempo ni ganas».

Como buen conocedor de la cultura gitana, Berná no duda de que las nuevas generaciones tienen una mentalidad mucho más abierta. «Ven la televisión, salen a la calle, conocen la realidad y eso les hace cuestionarse las cosas», señala el antropólogo, que asegura que cada vez más voces dentro de la comunidad gitana reclaman visibilidad para los homosexuales.

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