2014/04/24

PUBLICO: La "peligrosa desviación" de ser homosexual en Egipto

El Gobierno militar sigue manteniendo una política de represión de la homosexualidad. Al no estar prohibida estrictamente, las autoridades recurren a dudosas interpretaciones de las leyes contra la prostitución
Activistas africanos protestan por las leyes antigay.

Activistas africanos protestan por las leyes antigay.- dai kurokawa (EFE)


Lo que comienza como una fiesta privada en Egipto puede convertirse en un delito de "desviación e indecencia", como ocurre cada vez con más frecuencia en casos en los que homosexuales se han visto procesados por la justicia.
Amer Fuad participó el pasado 4 de noviembre en una fiesta que se celebró en una villa a las afueras de la capital egipcia, con presencia de alcohol y bailarines, para celebrar la fecha que algunos consideran como el San Valentín egipcio. "Éramos unas 300 personas en la fiesta, cuando de repente entró un policía vestido de civil y arrestó a diez personas, entre ellas la dueña de la casa y la mayoría menores de edad", cuenta a Efe este joven homosexual, de 27 años.
Fuad asegura que la policía "insultó, golpeó y desnudó" a todos los detenidos en comisaría, hasta que los llevaron ante la Fiscalía General, que los acusó de "mantener relaciones sexuales con hombres dentro de la villa" y ordenó que se les hicieran análisis forenses.
"Al Estado egipcio le encanta ser el guardián de la moral social, le gusta controlar al pueblo y por eso intenta demostrar su presencia a la vez que crea un rechazo hacia los gais", denuncia el jurista de la Iniciativa Egipcia para Derechos Personales Adel Ramadan. Tras la destitución militar de Mohamed Mursi, en julio de 2013, han aumentado a un ritmo vertiginoso los arrestos y la persecución de los gais, no tanto de las lesbianas, cuya orientación sexual es menos reconocida por la sociedad, asegura el letrado.
No cuenta con datos concretos de ese aumento de redadas, pero dice que es algo que se ve reflejado en los casos que ha recibido últimamente desde diferentes provincias de Egipto, especialmente en las costeras y en El Cairo. Según Ramadan, la reacción de la policía, como las del fiscal o del juez, es "lógica", porque son miembros de una sociedad caracterizada "por el desconocimiento de la libertad sexual, lo que provoca un rechazo a todo lo que está fuera de su normalidad, a lo que consideran contrario a la naturaleza".
La homosexualidad es técnicamente legal en Egipto, puesto que no hay ninguna ley que la prohíba expresamente, aunque las normas sociales que definen las actuaciones "correctas" se convierten en ley suprema que establece los castigos a los "desviados" de la moral pública. Los tribunales egipcios utilizan otras leyes como las que regulan el "libertinaje" para procesar a las personas homosexuales por cargos como "desprecio de la religión", "inmoralidad sexual" o "prostitución masculina".


Tras varias sesiones judiciales, finalmente Fuad y siete amigos fueron sentenciados en diciembre a tres años de cárcel por violar la ley contra la prostitución. Mientras, el noveno, el organizador de la fiesta, fue condenado a diez años de prisión. La Policía testimonió que los jóvenes estaban "dándose besos y abrazos calientes para liberar energía homosexual", según se puede leer en los informes escritos por la comisaría, que asegura también que había un hombre que llevaba ropa y accesorios femeninos.
El abogado que defiende a Fuad asegura que los análisis del forense ni siquiera demostraron que los acusados hubieran mantenido relaciones con otros hombres. Considera también que se trata de un caso "más político que criminal", en el que las autoridades intentan "demostrar su presencia y enviar un mensaje de que la sociedad es todavía conservadora", aunque ya no gobiernen los Hermanos Musulmanes.
Fuad sigue esperando en libertad la resolución de su recurso, mientras aguarda nervioso un milagro y pide públicamente ayuda a organizaciones internacionales que permitan su vuelta a la normalidad y evitar su ingreso en prisión. Sus padres, cuenta, le han echado de casa y lo han desheredado.
Según el último informe del Centro de Investigación Pew Global, el 95% de los egipcios -sociedad conservadora, predominantemente musulmana- considera que la homosexualidad no debe ser aceptada, una cifra similar a la del resto de países árabes, como Jordania (95%), Túnez (93%) o el Líbano (80%).

Las severas condenas a otras cuatro personas el pasado 8 de abril -sentenciadas a penas de entre tres y ocho años de cárcel por mantener una "conducta desviada e inmoral"- han aumentado la inquietud de los gais en Egipto. Fueron descubiertos vestidos con ropa de mujer y maquillados durante una redada policial en un apartamento en el este de El Cairo, donde se celebraba una fiesta. Ramadan considera que esa sentencia "es un retroceso hacia un viejo escenario en Egipto de ataques contra los homosexuales, que se han convertido en un objetivo del Estado".
Muchos egipcios aún recuerdan la ofensiva de mayo de 2001, con el entonces presidente Hosni Mubarak, cuando la policía detuvo a 52 personas en el barco Queen Boat, frecuentado entonces por homosexuales, y 21 de ellas fueron condenadas a tres años de cárcel y trabajos forzados, desatando una tormenta mediática. Después de esa sentencia, el gobierno de Mubarak inició una persecución de los gais que duró varios años y, a día de hoy, advierte Ramadan, "hay una sentimiento de miedo a que se pueda repetir una campaña como esa".




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