2014/04/15

EL MUNDO:: Pasolini: la conciencia maldita

CINE El poeta de los bajos fondos
  • Son muchas las incógnitas sobre su asesinato, que siguen vigentes a medida que se acerca el 40º aniversario de su muerte y que una película recupera su figura.
El cineasta y poeta Pier Paolo Pasonini, en un momento del rodaje de...
El cineasta y poeta Pier Paolo Pasonini, en un momento del rodaje de 'Teorema' (1968).

Cuando se aproxima el 40º aniversario de la muerte de Pasolini, una fecha grabada a fuego en la historia de Italia, sólo hay una certeza: la noche de ese día, en un descampado en Ostia, a escasos kilómetros de Roma, Pier Paolo Pasolini fue brutalmente asesinado. Según la autopsia recibió una paliza salvaje, que incluyó una violentísima patada en los testículos que le provocó una gigantesca herida interna y tantos golpes en la cabeza como para generarle asimismo una brutal hemorragia externa. "No es que saliera simplemente sangre, hubo auténticos chorros", escribieron los forenses en su informe. Después el poeta, escritor, cineasta, pintor e intelectual fue arrollado con su propio coche, lo que le reventó varios órganos internos y dejó su cuerpo reducido a un amasijo de huesos y carne. Hasta tal punto que Maria Teresa Lollobrigida, la señora que descubrió su cadáver, pensó en un primer momento que se trataba de un montón de basura.
Pino Pelosi, un chaval de los bajos fondos apodado 'La Rana' y que entonces tenía 17 años, fue el único condenado por aquel crimen, del que él mismo se confesó culpable asegurando que mató a Pasolini en legítima defensa cuando éste trató de violarle. Le cayeron nueve años y siete meses de cárcel, y ya en 1982 salió de prisión en régimen de semilibertad. Pero nunca nadie se creyó que 'La Rana' fuera el único responsable de la muerte del poeta.
Las contradicciones que ofrecía su relato de lo sucedido eran demasiado importantes como para pasarlas por alto, empezando por el pequeño detalle de que cuando esa misma noche fue detenido al volante del coche de su víctima Pelosi no mostraba ni una sola mancha de sangre. Y tampoco tenía heridas, a excepción de una en la frente que se hizo al hacer frenar violentamente el vehículo al darle el alto la policía y golpearse con el volante del coche. El que no tuviera ningún rasguño aún resulta más raro si se tiene en cuenta que Pasolini era un tipo alto, robusto, deportivo y experto en artes marciales.
Ya hace 40 años, en medio de la enorme conmoción que generó su muerte, enseguida comenzó a hablarse de la posibilidad de que el de Pasolini hubiera sido un asesinato político. Al fin y al cabo, el intelectual que se había convertido en el principal acusador público del poder en general -y del poder político en particular- era un tipo incómodo. Y qué mejor para silenciarle que tratar de desacreditarle con un crimen de trasfondo sexual y convencer a Pelosi de que cargara él solo con toda culpa ya que, al ser menor de edad en la época del asesinato, le caería una condena suave, como ocurrió.
Pero si ese era el propósito final, no lo lograron. Pasolini, nacido en Bolonia en 1922, en el seno de una familia acomodada, no sólo se ha convertido en el emblema por excelencia del intelectual de los años 70, sino que su legado sigue absolutamente vivo. Y no sólo por la vigencia de muchas de sus ideas (como por ejemplo sus despiadadas críticas contra la sociedad de consumo, a la que acusaba de haber empobrecido a Italia al imponer a todo el país la misma cultura uniforme pequeño-burguesa), sino también por su profundo compromiso vital y artístico con la autenticidad o por su nadar contracorriente (recuérdese que en mayo del 68 tomó partido por los policías que reprimían a los manifestantes, al considerar que la mayoría de ellos eran hijos de agricultores que no pudieron elegir otro trabajo mientras que los estudiantes eran burgueses hijos de papá).
La actualidad de Pasolini es absolutamente tangible. Se materializa, por ejemplo, en la importante muestra que este martes se inaugura en el Palacio de Exposiciones de Roma y que analiza la figura de Pasolini desde su traslado a la Ciudad Eterna en 1950 hasta su muerte 25 años después. Una exhibición que llega a la capital italiana después de cosechar un gigantesco éxito en Centro de Cultura Contemporáneo de Barcelona y que posteriormente viajará a Berlín para luego recalar en París. Y se materializa también en la película que el cineasta estadounidense Abel Ferrara acaba de terminar de rodar en Roma después de siete largos años buceando en la vida y muerte del escritor (interpretado por Willem Dafoe) y que se centra sobre todo en el Pasolini de los últimos años y en su asesinato.

La verdad de su muerte

El filme aspira a presentarse en la Mostra de Venecia pero ya está dando que hablar. Sobre todo porque una vez más está poniendo el reflector sobre lo que ocurrió en realidad aquella fatídica noche del 2 de noviembre de 1975. "Yo sé quién ha matado a Pasolini y en su momento diré su nombre", ha declarado Ferrara, desatando las sospechas de algunos, que consideran que podría ser una estrategia para darse publicidad. Pero, por si acaso, el abogado de Giulio Mazzon, el sobrino de Pasolini, ha pedido a la fiscalía de Roma que llame a Ferrara para tomarle declaración sobre lo que sabe.
"La relación más dramática de mi vida es la que he tenido con mi padre. De hecho tengo relaciones dramáticas con todo lo paterno, empezando por el Estado", admitió en varias ocasiones Pasolini. El suyo fue un padre militar, fascista, tiránico, violento y enredado en broncas constantes con su madre, aunque en su defensa también hay que decir que fue él quien le animó a emprender la carrera literaria. "Mi padre atribuía a la poesía un carácter oficial. No podía pensar que fuera subversiva, escandalosa", aseguraba en ese sentido.
De lo que no cabe duda es de que Pasolini desde muy pequeño se sintió mucho más próximo, física y emocionalmente, a su madre, viviendo y compartiendo intensamente el rencor que ésta sentía por su padre. Fue a ella a quien escribió su primera poesía con siete años, para corresponderla por otra que ella le había regalado y en la que le decía cuánto le quería. Y es por eso por lo que le resultó absolutamente natural escribir en dialecto friulano, la lengua de su madre, la lengua que hablaba la inmensa mayoría de los habitantes de esa región del noreste italiano donde transcurrió buena parte de su infancia y que para él representaba una especie de arcadia rural, pura y bucólica. Su primer libro, 'Poesía en Casarsa', publicado en 1942 durante los últimos coletazos de la dictadura de Mussolini, ya suscitó escándalo por el hecho simplemente de estar escrito en dialecto friulano y otorgar dignidad escrita a una lengua que hasta ese momento sólo había sido oral. Y el fascismo no admitía que en Italia hubiera particularismos locales, idiomas que consideraba que eran de imbéciles obstinados.
La misma pureza que buscaba en el lenguaje friuliano es lo que le llevó años después a Pasolini, ya en Roma, a encandilarse por el subproletariado, por los mendigos, los delincuentes, las prostitutas y demás marginados tanto por su lenguaje como por su forma de vivir. Al fin y al cabo, Pasolini repudiaba la uniformidad cultural e idiomática que se percataba que estaba imponiendo la sociedad de consumo. "El tipo de personas que amo, con gran diferencia, son las que no han hecho ni siquiera el bachillerato; es decir, las personas absolutamente simples. No lo digo por retórica, lo digo porque la cultura pequeño-burguesa es algo que lleva siempre a la corrupción, a la impureza, mientras que un analfabeto, uno que sólo ha hecho los primeros años de escuela elemental, conserva una cierta gracia que luego se pierde a través de la cultura. Es verdad que se encuentran altísimos grados de cultura, pero la cultura media es siempre corruptora", afirmó.
Esa premisa, que llevada a su extremo le impulsó a predicar la abolición de la televisión y de la escuela obligatoria, le hizo también irrumpir en la vida intelectual y artística romana con la publicación en 1955 de 'Ragazzi di vita', traducido en español como 'Chavales del arroyo'. Y cuando decidió abrazar el cine, convencido de que ese nuevo lenguaje era "la expresión de la realidad", esos mismos chorizos y prostitutas de la periferia romana que hablaban en dialecto fueron los protagonistas de sus primeros filmes: 'Accatone' (1961), 'Mamma Roma' (1962) y 'La Ricota' (1963). Esta última película provocó que fuera llevado a los tribunales, acusado de vilipendiar a la religión. Desde ese momento, y hasta su asesinato, su nombre será sinónimo de escándalo y será objeto de 33 procesos, dirigidos a tratar de callar su voz crítica y polémica, la voz de una conciencia que denuncia todo aquello que le provoca indignación. Una voz que al final consiguieron callar.

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