2013/06/17

Hoy:La homofobia sale del armario

Las manifestaciones en Francia o la prohibición de la «propaganda gay» en Rusia son ejemplos de la creciente visibilidad de esta actitud en Europa 

La geografía de la homofobia es más compleja de lo que suponíamos. A medida que los gays avanzan hacia la igualdad de derechos en buena parte del mundo civilizado, resultaba tentador pensar que el reverso oscuro, el rechazo obstinado a avalar las relaciones entre personas del mismo sexo, se iba restringiendo a algunas zonas muy concretas, como pueden ser los países musulmanes o buena parte de África. En la progresista Europa nos quedaban personajes singulares, casi cándidos en su cerrazón, que de vez en cuando se emborrachaban con argumentos biológicos, sociológicos y teológicos. En España tenemos al obispo de Alcalá, Juan Antonio Reig Pla («Piensan ya desde niños que tienen atracción hacia las parejas del mismo sexo y, a veces, para comprobarlo, se corrompen y se prostituyen o van a clubes de hombres: os aseguro que encuentran el infierno», dijo en homilía televisada), o al ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz («La pervivencia de la especie no estaría garantizada»), pero tampoco se trata de una peculiaridad nuestra: ahí está Lord Tebbit, el 'tory' británico que logró dar un enfoque radicalmente nuevo al asunto. «¿Qué pasa si tenemos una reina que es lesbiana y se casa con otra señora y entonces decide que quiere tener un hijo y alguien le dona esperma?», preguntó, además de plantear la posibilidad de casarse con su hijo para que se ahorre los impuestos a la hora de heredar.
Sin embargo, en los últimos tiempos, la homofobia está ganando una insólita visibilidad en Europa, y no lo hace en 'petit comité' sino a lo grande. Las protestas masivas contra el matrimonio homosexual y su derecho a adoptar en Francia supusieron para muchos una revelación: incluso en la cuna de la libertad, la igualdad y la fraternidad, «muchos decidían ir en contra de esos tres principios para frenar la equiparación de derechos». En el Reino Unido, David Cameron ha tenido serios problemas dentro de su partido para impulsar la nueva legislación, aprobada ya por los Lores, y el Gobierno alemán ha apostado por la prudencia y ha detenido la equiparación fiscal, al alzarse voces airadas en nombre de la familia tradicional. «Ocurre en todas partes: cuanto más fuerte se hace la lucha por el matrimonio igualitario, más 'lobbies' conservadores surgen. Pensábamos que Francia era un país más liberal, pero el conservadurismo encuentra maneras de emerger, y más en tiempo de crisis, cuando el racismo o la homofobia se convierten en una manera de recabar votos», comenta Gabriel Aranda, coordinador del área internacional de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB). «Llevamos un tiempo de muchos avances -añade- y creíamos que iba a producirse un efecto dominó, pero está apareciendo una reacción de gran visceralidad».
En el este de Europa, se ha desperezado el monstruo: la Duma rusa aprobó este martes -con 434 votos a favor, una abstención y ningún voto en contra- la ley que prohíbe la «propaganda de las relaciones sexuales no tradicionales», una solución eufemística que evita referirse directamente a la homosexualidad, como sí hacen algunas de las normas regionales que le han servido de modelo. Las organizaciones pueden afrontar multas de hasta 23.000 euros, que se quedan en algo más de cien para los ciudadanos que transgredan la ley, mientras que los extranjeros se arriesgan a acabar encarcelados durante quince días y ser posteriormente deportados. «Estas leyes restringen la financiación y afectan de manera muy seria a la capacidad de operar de las organizaciones de gays y lesbianas. A eso se suman las afirmaciones homófobas de los políticos, que crean un clima en el que las personas se ven en un riesgo creciente de sufrir agresiones y, en ocasiones, de ser asesinadas», alerta Gabi Calleja, presidenta de la sección europea de la asociación internacional ILGA. Rusia y, en general, los países del antiguo bloque comunista se han convertido en algo así como las reservas europeas de la homofobia dura, institucional. También tienen figuras pintorescas, como aquel alcalde de Moscú que dijo que los desfiles del orgullo gay eran «un lugar para satanistas», pero allí las cosas no se quedan en la ocurrencia: «En las manifestaciones, los cuerpos de seguridad del Estado defienden a los atacantes», apunta Aranda. 

El chivo expiatorio 
 
«Las actitudes negativas hacia los gays y las lesbianas están asociadas a menudo con visiones tradicionales sobre los roles de los hombres y las mujeres en la sociedad. Rusia y muchos países del este de Europa se caracterizan por un nivel alto de déficit democrático y un nivel bajo de igualdad entre los sexos», analiza desde Budapest la socióloga y antropóloga cultural Judit Takács, autora de varios estudios sobre la homofobia en Europa. «Además -apunta-, si no puedes hacer nada constructivo por tus electores, siempre tienes la opción de buscar un chivo expiatorio en alguna minoría social vulnerable: nuestros incompetentes políticos del Este son conscientes de eso». En Rusia y los países de su entorno, ser gay no resulta fácil. El mes pasado asesinaron a golpes en Volgogrado a Vladislav Tornovoy, un homosexual de 23 años que también fue repetidamente violado con botellas de cerveza. Se pueden mencionar otros ejemplos menos atroces, como el de Antón Krasovsky, un popular presentador de televisión que fue despedido de manera fulminante tras salir del armario durante una emisión.
Tampoco es que en el resto del continente se hayan resuelto todos los problemas de ese tipo. La Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea presentó en mayo los resultados de una encuesta realizada en los estados miembros y Croacia, con cifras poco alentadoras: dos de cada tres homosexuales ocultan o han ocultado su condición en los centros educativos, uno de cada cinco se siente discriminado en el trabajo y uno de cada cuatro ha sufrido agresiones o amenazas en los últimos cinco años. El 75% de los gays sigue teniendo miedo de ir de la mano por la calle con su pareja. Nuestro país aparece como uno de los más tolerantes: otro estudio, difundido la semana pasada por el centro estadounidense Pew, muestra que solo el 11% de los españoles está en contra de la aceptación social de la homosexualidad, frente al 18% de los italianos, el 22% de los franceses, el 40% de los griegos, el 46% de los polacos o el 74% de los rusos.
Tanto Gabriel Aranda como Judit Takács hacen hincapié en que, con el tiempo, muchos de quienes se alarman ante el matrimonio gay acaban comprobando que no ha pasado nada. «En España se han casado más de 20.000 parejas. ¿En qué manera ha afectado eso a ninguna pareja heterosexual? Cameron ha dicho que está a favor del matrimonio homosexual precisamente porque él es conservador, defiende la familia y quiere extender ese modelo», recuerda el representante de la FELGTB. La investigadora húngara argumenta que la felicidad no es un juego de suma cero: «El incremento de la felicidad de uno no significa que se reduzca la de otro. La percepción del matrimonio entre personas del mismo sexo irá cambiando en unos pocos años, porque la gente se dará cuenta de que puede convivir en paz, de que esta nueva institución legal no le quita nada». De hecho, Takács acierta a ver un lado positivo en la «mayor visibilidad de la homofobia» que se registra en los últimos tiempos: «De este modo, su existencia no puede ser ignorada y se movilizan los defensores de la igualdad de derechos. Además, existe la esperanza de que un número creciente de gente joven en Europa vaya viendo las manifestaciones homófobas como algo que no mola: a lo mejor así no se meten en juegos de poder que buscan controlar las vidas de otras personas».
El Centro de Investigación Pew, con sede en Washington D.C., ha publicado este mes un estudio sobre la aceptación de la homosexualidad en diversos países del mundo, resultado de encuestar a 37.653 personas de 39 nacionalidades. Los resultados muestran claras diferencias por áreas geográficas. Un ejemplo: a la pregunta «¿debería la sociedad aceptar la homosexualidad?», respondió 'no' el 11% de los españoles y los alemanes, el 33% de los estadounidenses, el 46% de los polacos y el 74% de los turcos. Varios países superan el 90%, como Egipto, Jordania, Túnez, Indonesia, Uganda, Senegal o Nigeria.
El informe del centro Pew demuestra que la postura ante la homosexualidad no ha cambiado mucho en los cinco años transcurridos desde su anterior estudio. Se aprecian evidentes mejoras en países como Estados Unidos (en 2007 aceptaba a los gays el 49% de la sociedad y en 2013, el 60%) y variaciones más leves en otros como España (que pasa del 82% de respuestas positivas al 88%). También hay lugares donde ha aumentado el rechazo, entre los que destaca Francia: hace cinco años, el 83% respondía que la sociedad debe aceptar la homosexualidad; actualmente, la proporción se ha reducido al 77%.
de los españoles no desean tener vecinos gays, según la oleada más reciente de la Encuesta Mundial de Valores. Esa proporción convierte a nuestro país en uno de los más abiertos en ese aspecto: solo tienen cifras más bajas Suecia (4,4%), Holanda (4,9%), Andorra (7,3%) y Noruega (8,3%). Alemania, por ejemplo, se va al 17,3%; el Reino Unido, al 18,8%; ; Italia, al 25,4%, y Francia, al 34,1%.

 


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